Últimamente se escribe muchísimo sobre gaming y cada vez veo más y más tweets relativos al tema, sobre todo aplicado al mundo empresarial. Parece que es una de las nuevas tendencias con más posibilidades de convertirse en un “must have”. Me gustaría escribir una serie de posts sobre el gaming porque siempre me ha interesado mucho. Sin ir más lejos, hace un tiempo elaboré todo un señor business plan relacionado con el tema… aparte que no es ningún secreto que me encantan los videojuegos, ¡claro!
Podemos traducir “gaming” como “jugar”. Normalmente, aunque esto no es del todo correcto, el término se aplica a videojuegos porque hoy en día lo normal es jugar en el ordenador y/o la consola de turno. Desde el punto de vista de la gestión, el trabajo, el marketing o la empresa, el gaming se aplica normalmente a técnicas de aprendizaje, a determinadas campañas internas, o a cualquier cosa que se os ocurra.
La esencia del gaming es básicamente competir por determinadas recompensas. Cuando jugamos a un videojuego, luchamos por conseguir algo: un premio, salvar a la princesa, o un bonus de puntos. Con la aparición de los juegos sociales (por ejemplo, Farmville), al factor competitivo se le une el factor colaborativo: en todos estos juegos necesitas la ayuda de tus contactos para seguir avanzando en el juego. Es decir: tú solo no puedes disfrutar de la experiencia del juego al 100%, porque llega un momento en el que te quedas estancado. Esta tendencia cada vez es mayor, gracias a que casi todos los dispositivos hoy en día permiten jugar online.
Yo creo que el gaming siempre se ha utilizado en el mundo del trabajo, aunque no se le ha puesto nombre hasta ahora. Por ejemplo, la típica foto de empleado del mes. Por ejemplo, los bonus en función del desempeño. Son técnicas (bastante burdas) de juego: compites con tus compañeros por un premio… pero creo que con esto no basta.
Tal y como yo lo entiendo, el gaming aplicado al mundo profesional debe combinar estos dos factores, además del fundamental: jugamos por el mero placer de jugar, no por obtener un beneficio económico. No tiene sentido jugar sólo para quedar por encima de tus compañeros porque competimos constantemente entre nosotros, aunque no seamos conscientes de ello. Debemos colaborar entre nosotros para obtener una recompensa.
He leído artículos actuales muy interesantes sobre el gaming en el mundo profesional, pero casi todos se centraban en el factor de la competición. Muchos de ellos hablaban de recompensas (en mi opinión bastante pueriles), como la posibilidad de personalizar tu perfil interno en la intranet o en el email, por ejemplo. Realmente no creo que este tipo de juegos funcionen.
Y me explico: imaginemos que existe una iniciativa interna en la empresa que consiste en crear un espacio privado (un foro, una red social…) para que los empleados puedan intercambiar anuncios (por ejemplo, para vender una moto o alquilar un piso), noticias, trucos o tutoriales para determinadas gestiones internas. A medida que tu número de posts aumenta en el foro, tienes la posibilidad de personalizar tu firma, tu avatar, e incluso tu “categoría”.
Si bien en un foro no profesional las personas que postean mucho son las más “pros” y a las que generalmente se respeta, en un foro interno de la compañía el mensaje que das con una elevada personalización de tu perfil es: “hola, en vez de trabajar me paso el día colgando cosas en el foro y perdiendo el tiempo”. Aunque luego resulte que trabajes como un mulo y postees en el foro a las 3 de la mañana, que es la hora a la que terminas de trabajar. ¿Resultado? Inconscientemente, todos los empleados se dan cuenta de este mensaje, por tanto nadie publicará demasiado. Y por tanto, la iniciativa será un fracaso.
Es decir, la recompensa del juego está directamente enfrentada con los intereses de los jugadores. No es raro ver cómo hay muchas ideas para el público interno de una empresa que no fructifican porque nadie se pone en el lugar del trabajador. A veces, da la sensación de que estas iniciativas sólo se lanzan para poder decir “sí, nosotros aplicamos el gaming social en nuestra empresa”, pero nada más.
Por cierto, ésta es una de las razones por las que no tengo mucha fe en las redes sociales internas de las compañías (y ojalá me equivoque), pero de esto hablaré otro día.
Así que creo que deberíamos pensar bien nuestros intentos por aplicar el gaming al trabajo, porque lanzar un proyecto de este tipo tiene un coste y no queremos que al final no funcione (además, genera una imagen bastante mala del área que lanzó la iniciativa). Me parecen fantásticas las dinámicas de grupo o los cursos en los que los equipos compiten entre sí por una recompensa, o los torneos deportivos internos, o cursos online colaborativos.
Espero que os haya servido esta reflexión, escribiré más sobre el tema
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